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Cartas para no olvidar la historia

Josep Suárez recopila las cartas que su tío Antoni Ferrer envió desde la cárcel antes de ser fusilado por el Régimen en el 39.

LOURDES DURÁN. PALMA.

La madre de Josep Suárez, María Ferrer, guardó celosamente en un cajón una serie de cartas. Las había enviado su hermano Antoni desde la cárcel, antes de ser fusilado por el régimen de Franco en 1939. Cincuenta y cinco años después ven la luz bajo el más que elocuente título: Cartes d´un condemnat a mort. "Mi madre las escondió durante más de veinte años. Las encontré al azar. Las cogí. Sentí que hacía algo malo, como si violase una intimidad. No dije nada y las fui leyendo a fragmentos. Cuando me decidí a contarle a mi madre que las había leído, y le pedí que me las diese, lo hizo a condición de no enseñarlas a nadie. Ella murió hace veinte años, y aquel contrato moral había desaparecido", relata Josep Suárez, responsable de que las últimas palabras de su tío vean la luz. "Si las doy a conocer es para que aquellos sacrificios que hicieron personas como mi tío no queden en el olvido. Un amigo suyo me dijo hace poco que su vida -la de ellos- había sido un fracaso total. Yo le dije que no, porque si yo hago todo lo que hago es por mi tío", cuenta Suárez, activo luchador, actualmente presidente de Attac en Balears. Las 33 misivas están escritas por Antoni Ferrer sin dramatismo. Dirigidas a sus familiares más cercanos, el joven de 25 años muestra en todas ellas "un carácter definido, formado" en el que acepta el haber sido condenado a muerte. "Mi tío estaba totalmente consciente de su destino. Sabía que iba a morir. Estaba muy politizado", explica Suárez. En ese sentido basta una anécdota: "Su novia llegó a decirme, con los años, que mi tío pasó por encima de sus sentimientos, sus ideales políticos". Antoni Ferrer Tramunt, nacido en Llançà (Gerona), fue miembro del Bloc Obrer i Camperol, de cuya escisión surgió el POUM. Fue detenido y acusado de haber participado en la muerte de cinco personas de derechas a principios de la Guerra Civil. "En una carta, mi tío cuenta que él ni participó ni tuvo nunca noticia de ello porque él no estaba a favor de la represión", apunta Suárez. Las cartas, en un claro tono doméstico -no faltan ruegos a la familia para que le proporcionen magnesio contra el ardor de estómago-, fueron transcritas del original por Suárez con ayuda de una amiga. En ellas se despide de los amigos del pueblo y les pide a su familia que acepten lo inevitable. Antoni Ferrer fue fusilado, "asesinado", como puntualiza Antoni Serra en el prólogo, el 31 de mayo de 1939. Tenía 25 años. "A todas estas personas se las ha de sacar a la luz. Lo peor es no recordar", manifiesta Josep Suárez. Además de la correspondencia se incluye el Calendari d´un pres, en el que un cuadernillo de mínimas dimensiones fue anotando lo que hacía día a día en su confinamiento en la cárcel.
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